
Amado hermano, que nunca descansas,
te arden las manos, te quema la sangre
hermano mudo, sumiso, encadenado,
a esta realidad que te asesina a cada paso.
De tu boca crispada, mutilada escapan suplicas
que vuelan y se esconden en el aire,
la tierra te recibe con los dientes apretados,
con sus ásperos dedos de arena y barro.
Lentamente te van matando, como antes,
te han abierto surcos sanguinarios en la carne
se te niega el alimento, también los hospitales
y al final se te niega hasta el aire.
Alguna vez tu mirada se había iluminado
cuando dentro del vientre de tu madre,
no necesitabas el calor, tampoco el aire,
ni siquiera ese pan que ahora te es negado.
Hermano, que a veces eres luz y otras pájaro
a tu historia, nadie se anima a contarla,
es una historia sin niñez y sin infancia,
historia antigua de luces que se apagan.
Descansa hermano solitario, te amamos!!!




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